Cuotas de género

 

Primero que nada, antes de profundizar acerca de este tema, debemos preguntarnos en qué consisten las cuotas de género, cuál es su función y, lo más importante, por qué son importantes en el sistema legislativo de un país.

Las cuotas de género son una nueva implementación de los gobiernos. Esta medida tiene como finalidad defender y promover la participación femenil en el congreso para evitar que el género masculino monopolice las cámaras.  

Para lograr cierta equidad en las asambleas, la legislación señala que, mínimo, el 40% de los candidatos debe ser del mismo género, por lo que los partidos políticos tienen que postular 120 candidatas de mayoría relativa para la Cámara de Diputados y 26 para el Senado de la República.  

Sin embargo, estas políticas públicas son importantes porque pueden llegar a ser un tanto polémicas por tres razones:

  1. En primer lugar, las cuotas de género pueden ser vistas como una violación a la democracia, pues al imponer un porcentaje, se coarta la libertad de los votantes para decidir a los representantes de sus partidos.

  2. Luego, aunque esta medida busca la equidad, puede restringir las oportunidades de otros candidatos. Lo que significa que esta iniciativa antepone el género a las cualidades o capacidades, es decir, que por el simple hecho de ser mujer, puedes obtener un lugar en la asamblea, aunque haya personas con más experiencia.

  3. Por último, se tiene la creencia de que existe una diferencia en la forma de legislar entre ambos sexos, y de que las mujeres son mejores ejerciendo la legislación que los hombres.

Por otro lado, los argumentos a favor de las cuotas de género defienden que debido a que las mujeres constituyen la mayoría de la población, deben tener una correspondencia similar.

Respecto a que esta ley puede transgredir la democracia,

En segundo lugar, puede decirse que las cuotas de género no son muy distintas a otras restricciones comúnmente aceptadas en otros regímenes democráticos. Los sistemas electorales imponen distintas restricciones a los potenciales candidatos tales como los límites geográficos –por ejemplo, los distritos de una cámara y otra son de diferente tamaño–, o bien límites importantes a derechos políticos clave tales como el derecho a la reelección o a una candidatura independiente.

Las cuotas de género no vulneran el derecho de los votantes a elegir a sus representantes, puesto que el veredicto final sobre cualquier candidato o candidata estará en las urnas. Si aceptamos que son los líderes de partidos políticos, y no los votantes, quienes controlan de manera más inmediata el registro de candidaturas, resulta que las cuotas simplemente facilitan la llegada de más mujeres a la boleta electoral, lo cual no es poco en un contexto en que en las cúpulas partidistas discriminan a potenciales candidatas.

En tercer lugar, se puede decir que las cuotas de género no discriminan contra los hombres toda vez que son una medida compensatoria, dadas las barreras y discriminación que históricamente han padecido las mujeres. De manera más sustantiva, en la medida en que los intereses, percepciones e ideas de hombres y mujeres no siempre coinciden, los hombres no pueden representar de igual manera los intereses de las mujeres que ellas mismas: si la diversidad partidista e ideológica de un congreso es defendible, también lo es su diversidad en cuanto a género.

Muchos pensaban que bastaba con otorgar a las mujeres el derecho al voto para conseguir una representación más equitativa en cargos de elección popular. Pero sin suficientes mujeres en las boletas electorales esto no ha ocurrido tan fácilmente. Las cuotas de género buscan remediar o ayudar a acelerar este proceso así sea de manera transitoria.

 
Paulina Romero