Reflexión sobre unas vacaciones en Acapulco: Un análisis sobre la desigualdad y la voz de la inhumanidad

Autor: Paul O’Hea Flores / Editora: Itzel Y. Cuevas Yañez

Publicado por primera vez el 30/06/2016

Cuando se trata de escribir para compartir, la expresión de los hechos, ideas, sentimientos, falacias y demás, no debe de partir siempre de la neutralidad y la objetividad humana, más bien debe contemplar el espacio físico, social, económico, y a veces hasta sentimental con el que se ven las cosas. Dicho esto como una breve reflexión introductoria, paso a contar algo que me sucedió en estas vacaciones de Semana Santa, que de Semana tuvieron todo y un poco más, pero que de Santa no tuvieron nada.

Dada la suerte, más no la virtud o la inteligencia, que tuve de nacer en una familia acomodada en los estratos socioeconómicos altos de este país, tuve la oportunidad, o suerte, de viajar a un condómino de departamentos ubicados frente al mar de la costa occidental del territorio nacional, en Acapulco de Juárez. Durante nuestra estadía, el día viernes, ocurrió un incidente en el cual un grupo de personas en estado alcohólico atacó verbal y físicamente a personal del condominio con la intensión de entrar a las áreas comunes del este, algo que nunca había pasado en los 32 años que lleva el en existencia desarrollo, finalizando la situación con la entrada de la policía local. Inspirado en los hechos relatados, comparto una reflexión sobre el estado en el que se encuentra Acapulco y su relación con las personas (que como yo) buscaron pasar su semana de vacaciones en el puerto.

Invito a las y los lectores a dejar comentarios en pro, y sobre todo en contra, de los argumentos que aquí presento. Así mismo, aclaro que este es un escrito reflexivo, más no científico.

Acapulco, uno de los mayores desarrollos turístico del país y uno de los más reconocidos a nivel internacional, hoy se levanta como una de las joyas del capitalismo desmedido y la desigualdad de ingresos, de oportunidades y de condiciones de vida. Una desigualdad tal que sólo hace falta pararse frente a la avenida principal del puerto, la famosa Costera Miguel Alemán, y voltear hacia los dos extremos de esta.

A la derecha, el mar. La hermosa y aclamada bahía de Acapulco de Juárez. Hermosa por su forma, impresionante por sus monumentales hoteles que se alzan a unos cuantos metros de la orilla en donde rompen las pequeñas olas que millones de turistas disfrutan año con año chapoteando, en la banana, o subiendo al parachute (léase como se escribe). Los hoteles, llenos de lujos y muchedumbre al servicio de los jadeantes turistas dispuestos a devorar todo lo que puedan para divertirse, relajarse y a veces olvidar la cotidianidad diaria de sus vidas. A la fecha, la industria turística se encuentra posicionada en Acapulco como el corazón económico y productivo del puerto. Un puerto, una vez pesquero y humilde, que gracias a la osadía y capacidad del capital económico, se transformó en un centro turístico de lujos y goce para el extranjero (nacional o internacional).

Voltear la mirada hacia la izquierda de la costera significa alejarnos del turista y acercarnos al local. Del lado contrario al mar, se aprecian negocios, edificios de mediana altura, la mayoría de ellos grises, o mal pintados, con grandes letreros señalando la venta de algo. Unos cuantos árboles se alzan sobre la banqueta, pero la situación es muy distinta a la que se encuentra en la derecha. Basta enfocar la mirada hacia una de las calles perpendiculares a la costera para darse cuenta que la situación se pone peor con cada metro que se avanza rumbo a la montaña. Una especie de temor o incertidumbre invade a quienes ven la situación de la izquierda, o así se percibe, pues son poco los que se adentran en las angostas calles y pequeños callejones. La gente dice que se llega a escuchar una voz que le habla a quién voltea, una voz fría y oculta detrás de todo lo que los ojos no logran ver. Ante ello, pocos miran en esa dirección, y aquellos que lo hacen, regresan la mirada hacia el mar lo más rápido que pueden.

Sin embargo, voltear a la derecha dándole la espalda a la izquierda no hace que la segunda desaparezca, más que eso, la izquierda es la realidad que existe para la gran mayoría de las personas que habitan Acapulco. La voz que dicen escuchar, aquellos que ven lo que otros pasan por desapercibido, es la voz de la esperanza (el narcomenudeo), la voz de la alegría (el consumo de drogas), la voz del amor (trata de personas) y de la solución (el asesinato a sangre fría). Es la voz que las y los acapulqueños escuchan mañana, día, tarde y noche, mientras duermen, mientras comen, mientras respiran. Es infierno en la tierra para algunos, y el paraíso para otros, es una realidad, es la otra cara de Acapulco y la más poderosa.

Como todo Ser, sea humano o no tanto, la voz necesita alimentarse de algo. Su alimento es diverso, y entre sus manjares favoritos estás tú, estoy yo, están los nuestros, las y los que son como nosotros, que después de trabajar duro, no tan duro, o de plano, después de no trabajar, nos creemos merecedores de unas preciadas y lujosas vacaciones frente al mar, a espaldas de la realidad. Sin preocupaciones, disfrutamos de las comodidades que los grandes hoteleros, profesionales del turismo y políticos nos tienen preparadas, sin parar a pensar ¿cómo es que se distribuye aquello que pagamos en la población local?, o ¿bajo qué condiciones laboran las y los trabajadores?, que nos atienden alegremente en lugares que difícilmente podrán pisar descalzos en su vida por causa de las políticas de presentación que tiene la empresa hacia sus empleados, distinto a nosotros que podemos andar cómodos en chanclas o descalzos listos para brincar a la alberca.

La situación en Acapulco es alarmante, y nosotros como turistas no somos ajenos a ella. ¿Cómo podemos explicar la situación en la que una familia que vive a más de 300km de distancia de la bahía la frecuenta más de una vez al año, mientras que una familia que vive justo detrás de la montaña ubicada frente de la costa, no ha visitado el mar en su vida? ¿Cómo podemos explicar esto cuando familias enteras viajan a Acapulco gastando más de $3000 pesos por día, por persona? La desigualdad y la mala suerte son las únicas explicaciones. Con la desigualdad, me refiero meramente al aspecto económico de la problemática (lector: de tener un mayor interés en el tema recomiendo revisar el reporte de OXFAM. Los datos bibliográficos del texto se encuentran al término del ensayo). Con la mala suerte, me refiero a la simple y curiosa casualidad que millones de personas tienen por haber nacido en pobreza (una condición de la cual, por desgracia, cada día es más difícil de superar).

Vemos casos como el de Siria, en donde son millones los desplazados y miles los muertos por una guerra que para muchos de nosotros es incompresible o injustificable. Pero la guerra y la deshumanización de la vida humana no surgen de la nada, y tampoco de la espontaneidad de una persona, surgen de la historia y de las condiciones presentes de vida que enfrenta la mayoría. Siria surge de un pasado inestable, intervenido, controlado y destrozado por intereses de personas y grupos que jamás han vivido y nunca vivirán en esa región del mundo. Acapulco no dista de ello, pues los problemas que hoy enfrenta surgen del pasado y presente que enfrenta su población local ante la explotación y aprovechamiento de los recursos del puerto para quienes no viven y nunca vivirán ahí.

Es de las migajas del desarrollo y del bienestar de lo que se alimentan las voces maléficas del mundo, aquellas que hacen que un niño de doce años mate y venda droga, o que una pandilla secuestre mujeres para venderlas o explotarlas. La imposibilidad de obtener o vivir una mínima porción de lo que otros por nacimiento tienen (de forma legal y según honrada), hace tentadora la opción de buscar a cualquier precio esos lujos y juguetes que el modo de vida occidental ofrece, pero que con el trabajo legal y honrado difícilmente se podrán conseguir (si no es que es imposible).

Hace un tiempo, en una conferencia en el ITESM Mauricio Merino dijo algo así: “los ricos en México se deben de dar cuenta que el no hacer nada por la clase desfavorecida del país es darse balazos en los pies”. Tarde o temprano las olas de violencia, la carencia y la deshumanización llegarán a las clases altas, de la misma forma en la que hoy azotan a la clase desfavorecida del país.

He de decir, que sin duda no soy parte de la solución sólo por escribir esto, mucho menos por pensarlo. La única forma de ser parte de la solución es siendo reflexivo, consciente  y actuando junto con los míos, pero no de forma asistencial o esporádica. No se trata de hacer misiones para dar o sacrificar el tiempo de lo propio a lo ajeno, se trata de hacer de lo ajeno algo propio en el día a día, en nuestros pensamientos, planes y acciones.

Los problemas que enfrentamos como país son problemas profundos que requieren reacciones profundas por parte de quienes tenemos la posibilidad de cambiarla. Dejemos de limpiar nuestra alma solamente yendo a misa, haciendo servicio social o dando limosnas, y hagamos más. Comencemos a influir sobre las esferas de poder que tenemos cerca. ¿Qué es una esfera de poder? Nuestra casa lo es al contratar a alguien de limpieza, nosotros lo somos al decidir alzar la voz o callar frente a lo injusto o lo inhumano.

Hay quien cree que el Ser Humano toma acción ante la necesidad, antes de que todo se caiga a pedazos. Sin embargo la realidad muchas veces ha mostrado lo contrario: las guerras, la miseria y el abandono al otro, son muestras de una tardía respuesta a una inminente crisis.

Es momento de hacer algo por nosotros haciendo algo por el otro.

 

REFERENCIAS

Reporte de OXFAM México acerca de la desigualdad en el país: Esquivel Hernández, Gerardo (2015). Concentración del Poder Económico y Político. OXFAM México. www.oxfammexico.org