Una mirada crítica a un sistema de mayorías en México

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En el país impera una realidad: cada vez es más complicado que las propuestas de los que terminan obteniendo el triunfo se puedan traducir en políticas públicas. La ciudadanía cada vez confía menos y cada vez se profundiza más la distancia entre los que gobiernan y los gobernados.

En 1997 el PRI pierde por primera vez en su historia la mayoría en el Congreso Federal, esto provocó que en el país se comenzara a hablar de la necesidad de generar consensos entre las diferentes fuerzas políticas para alcanzar objetivos comunes, sin embargo en los gobiernos panistas, no se lograron grandes avances, la rebatinga política, la poca voluntad y los deseos porque un partido fracasará con tal de obtener nuevamente el poder, provocaron un estancamiento gubernamental y legislativo.

La CPEUM en su artículo 40° dice que “es voluntad del pueblo mexicano constituirse en una República representativa, democrática, laica y federal, compuesta por Estados libres y soberanos en todo lo concerniente a su régimen interior, y por la Ciudad de México, unidos en una federación establecida según los principios de esta ley fundamental”.

Este artículo ha estado presente desde la Constitución de 1857 y sólo ha sido reformado dos veces, la primera fue en el año 2012 y la segunda en 2016, reformas que no han buscado cambiar de fondo la idea toral de este artículo, que es nuestra voluntad por ser una federación.

 Ahora bien, “Anderson, G. (2008) considera que algunas características que debe tener un país para que se pueda considerar una federación son que existan por lo menos dos órdenes de gobierno autónomos, una Constitución, una organización especial como la Cámara alta, un árbitro que pueda resolver problemas entre los gobiernos, procesos e instituciones para facilitar relaciones entre los gobiernos, que exista democracia y que haya Estado de Derecho” (pp. 21-22).

Si en México desde 1857 se planteaba que éramos una federación, es decir, que éramos un país con algunas de las características anteriores, yo me preguntaría: ¿podemos decir que antes del año 2000 había democracia?, es más, ¿podemos hablar hoy de que existe una democracia consolidada en el país?

En el país sólo hemos “vivido”, una poliarquía, sin dejar de lado que actualmente hay 5 estados en la República que nunca han sido gobernados por otra fuerza política que no sea el PRI: Campeche, Coahuila, Colima, Estado de México e Hidalgo.

Además, para que pudiéramos hablar de una democracia consolidada en México, tendríamos no sólo que hablar sobre si otras fuerzas políticas pueden acceder al poder, sino si existen los elementos necesarios para garantizar que el Estado de Derecho impere en el país, que las instituciones estén por encima de cualquier persona y si quienes nos gobiernan rinden cuentas a la ciudadanía por el gasto gubernamental y por su desempeño.

“Ackerman, J. (2006) afirma que para que podamos hablar de consolidación democrática tendríamos que fijarnos principalmente en cómo están diseñadas las instituciones, contemplando el desempeño institucional, y la rendición de cuentas, buscando a través de estos dos, garantizar gobernabilidad y Estado de Derecho en un país (p.150)”.

En el año 2000 México sólo se concentró en la transición a una democracia electoral, pero no construyó una exitosa y verdadera democracia. De hecho ése es el gran reclamo que le podríamos hacer a los gobiernos del PAN, el que no hayan fortalecido el andamiaje institucional, ni haber buscado crear verdaderos pesos y contrapesos al poder gubernamental.

Ante esta realidad sería muy riesgoso buscar privilegiar un sistema electoral de mayorías, como el que vivimos antes de 1997, cuando existe una tendencia en el país a centralizar todo aquello que no funciona en los estados y cuando no se han creado capacidades subnacionales. No se han fortalecido las instituciones, los poderes siguen sin ser 100% autónomos, no se han garantizado en todos los estados elecciones libres y competidas, no existe una gobernanza democrática y  han aumentado las reglas informales que violentan las reglas formales.

Es por eso que antes de plantear efectividad gubernamental y legislativa, con tal de no vivir más en una parálisis, yo apostaría primero a fortalecer el federalismo, la distribución de responsabilidades, el Estado de Derecho y la rendición de cuentas, ya que el riesgo por vivir un retroceso democrático estará latente mientras no se solucionen estos retos.

Bajo este panorama yo optaría por buscar incentivar los gobiernos de coalición, como la forma para garantizar que las cosas avancen en el país, pero hay un hecho claro que podría impedir esto. “Alemán, E., Tsebelis, G (2012) en su artículo Partidos Políticos y Coaliciones de Gobierno en las Américas argumenta  que los sistemas presidencialistas crean un conjunto de intereses diferentes hacia la formación de coaliciones, siendo que la supervivencia del gobierno no depende del Parlamento (p.6)”.

Pareciera bajo está lógica que sería casi imposible que se pudiera dar un gobierno de coalición en un sistema presidencial como el nuestro, pero la realidad es que aunque un presidente no necesite del parlamento para mantenerse en el poder, si necesita de la oposición para lograr su proyecto de nación.  

Los gobiernos de coalición podrían ser una forma también de garantizar que más sectores y personas se encuentren representadas en la toma de decisiones, ya que no sólo un partido sería escuchado para ejecutar políticas públicas, impulsar iniciativas de ley o concretar reformas.

Es por todo lo anterior que, antes de buscar incentivar un modelo de mayorías para que el país no se paralice, incentivaría gobiernos de coalición en el país, mientras, a la par, se busca fortalecer el federalismo, la democracia, la rendición de cuentas y el Estado de Derecho.

México no puede ni debe vivir un retroceso democrático. El costo por buscar efectividad gubernamental, bajo el latente riesgo de perder lo ganado, sería un error histórico.  
 

 

Referencias bibliográficas:

Ackerman, J. (2006). “Democratización: pasado, presente y futuro”. Perfiles Latinoamericanos 28, p. 150.

Anderson, G. (2008). “Una introducción al federalismo”. (pp: 21-22) Madrid, España: Ediciones Marcial Pons.

Alemán, E. Tsebelis, G. (2012) “Partidos Políticos y Coaliciones de Gobiernos en las Américas”. Revista de Ciencia Política, p. 6.