El Reto de Votar

El próximo domingo 1 de julio tenemos una responsabilidad: conocer las repercusiones de nuestra participación electoral. Más allá de por quién votaremos, y de si iremos o no a la casilla a votar, es indispensable comprender que toda acción que llevemos a cabo ese día tendrá una repercusión.

En nuestra sociedad, la primera pregunta que surge es: ¿por qué salir a votar si soy uno contra millones? La aritmética es correcta, porque la participación de una es muy poco probable que altere el resultado final. Pero el resultado no está en los números, está en lo que se quiere: queremos un gobierno de una persona, entonces no participemos para que ella pueda decidir el cambio; si queremos un gobierno de todos, entonces participemos todos para que una persona no pueda decidir sola.

La participación individual no define por sí sola el resultado de una decisión colectiva, pero es la suma de acciones individuales lo permite la existencia de una colectividad. Por tanto, todo individuo que deje de participar, resta fuerza al grupo. Esto es lo que generan los abstencionistas: debilitan los procesos de toma de decisión colectiva al enviar un mensaje que dice “no me interesa el proceso”. Abstenerse es la forma que se tienen para NO participar en una elección. Si lo que se busca es debilitar los procesos democráticos y dar fuerza a los intereses individuales, entonces la abstención es el mejor camino.

Si lo que se busca es tener una democracia más sólida, con mejor rendición de cuentas y gobernantes más justos hacia sus ciudadanos, entonces salir a votar es la opción. Al llegar a la casilla y tomar la boleta, tenemos dos opciones: 1) podemos anular el voto, o 2) podemos hacer válido nuestro voto. Anular implica dejar una marca en la boleta electoral que no cumple con las reglas establecidas. En México las reglas para que un voto se anule son:

  • Votar por un candidato no registrado
  • No marcar con claridad una de las opciones permitidas
  • Votar por dos o más partidos políticos que no vayan en coalición

Cualesquiera de las tres acciones llevan al mismo resultado: el voto no contará para ninguno de los candidatos o partidos políticos, pero sí contará como una participación. En este caso, el mensaje que se envía es “sí me interesa el proceso, pero no quiero / no me representan ninguno de los candidatos / partidos políticos”. Actualmente no existe en la legislación mexicana un apartado que señale una repercusión práctica de anular el voto, por lo que el impacto es simbólico, y puede o puede no ser tomado en cuenta por las fuerzas políticas.

Si lo que queremos es incidir en el resultado más allá de sólo enviar un mensaje, entonces debemos de ejercer un voto válido. Este es aquel que, contrario al voto nulo, va por un candidato registrado, se marca con claridad dentro del perímetro permitido y, en caso de votar por una coalición, se les da a dos o más partidos políticos coaligados. Recomendamos visitar comovotar.mx para que puedas interactuar con una boleta electoral y comprender a detalle las diferencias entre los votos válidos y nulos.

Habiendo decidido ejercer un voto válido, este puede ser útil o simbólico. Votar útil es apoyar a uno de los dos candidatos punteros en las encuestas, es un voto estratégico que no considera cuál de todos los candidatos me representa más; sólo quién tiene mayores posibilidades de ganar. El voto simbólico se enfoca en quién me representa mejor, ya no en quién va ganando. Hacer un voto simbólico implica reflejar mis preferencias reales, es un voto honesto, pero que es posible esté lejos de incidir en el resultado. Sobre la forma en la que opera el voto simbólico y el voto útil, te recomendamos entrar a tueleccion.org/haz-contar-tu-voto/

Ahora ya conoces las formas e implicaciones de votar, será trabajo de cada uno de nosotros tomar la decisión sobre cómo queremos participar. Pero hay una última consideración importante:

La votación emitida hacia los diputados federales es lo que determina a qué partido político se le darán más recursos después de la elección. Al votar por los diputados hay que tener en consideración lo siguiente:

  • Por distrito electoral elegiremos a 1 diputado de mayoría relativa (en total 300);
  • Por circunscripción plurinominal se eligieran a 40 diputados de representación proporcional (200 en total)
  • En algunos distritos, no todos, los candidatos de mayoría relativa se presentan en coalición.

Si en nuestro distrito electoral el candidato de mayoría relativa que queremos va en coalición, entonces podemos votar por cualquiera de los partidos político que lo postulan. Supongamos que los partidos que van en coalición son el A, B y C. Si votamos por el partico B, el voto cuenta para el candidato de mayoría relativa de la colación, para la lista de candidatos de representación proporcional del partido y para que al partido B de den más recursos para la próxima elección. En cambio, si votamos por los partidos A y B, entonces nuestro voto cuenta para el mismo candidato de mayoría relativa, pero se divide en dos (.5 y .5) para las listas de representación proporcional y para la asignación del presupuesto. Va con un ejemplo:

Supongamos que el candidato de la coalición A, B y C es el que más me gusta, pero la lista de candidatos de representación proporcional del A no me gusta y tampoco quiero que le den dinero para la próxima elección a ese partido en específico. En ese caso, voto por los partidos B y C para que mi voto se divida entre esos dos partidos, pero no lo cuente al partido A para los plurinominales y para el presupuesto.

Podrás encontrar más información sobre candidatos, propuestas, partidos políticos, y medios de comunicación en tueleccion.org. Recuerda, votar es un derecho ganado que se debe de cuidar y respetar para fortalecerlo y no perderlo.